Para la mayoria de la gente con la cual he hablado antes de partir, Alicante era “la Rimini española”. Esto tiene que ser desplegado: los que no conocen Italia, en realidad, no pueden saber que Rimini es sinónimo de diversión, vacaciones, discotecas, mar, fiestas en la playa... y todo lo que puede ser relacionado a la distracción, especialmente para los jovenes.
Asì que, cuando llegué en Alicante, ya tenía una vaga idea de lo que habría podido encontrar. Naturalmente todas mis expectaciones se han revelado insuficientes: en Alicante la vida nocturna es totalmente imprevisible. La primera vez que decidimos de salir para hacer un paseo por la ciudad, por ejemplo, regresamos a las 7 de la mañana siguiente.
En primer lugar tengo que esplicar que, a diferencia que en Italia, aquí la noche empieza mucho más tarde: si vas por la calle antes de la medianoche difícilmente puede encontrar mucha gente. Normalmente el barrio se anima a partir de las doche y media, antes los locales nocturnos están vacios... ¡así que es inevitable salir muy tarde por la noche y regresar igualmente tarde por la mañana!
Otra diferencia con mi País es que aquí en Alicante todos los locales nocturnos están cercanos, así que es posible moverse de un lugar a otro con mucha facilidad, cambiando género musical muchas veces en una noche. En Italia, en cambio, no es la misma cosa. Si quieres salir tienes que decidir antes donde ir y, si después quieres mudarte a otro lugar, en la mayoria de los casos, es necesario utilizar el coche. Además, en Italia, en la mayoria de los locales, tienes la consumación obligatoria, por eso es bastante dificíl que, después haber pagado 10 euro para una copa, te gustes coger el coche para ir en otro lugar donde pagar lo mismo.
En la “pseudo-tradición” que hemos creado en estos meses, nuestras noches empiezan hacia las once, cuando nos reunimos en un piso para hacer un pequeño botellón. Después vamos al barrio para hacer una vuelta de los locales hasta las tres y media (a veces las cuatro) y , cuando el barrio cierra, vamos al puerto donde hay muchos locales que están abiertos hasta las 7,30 de la mañana. Sin duda las noches alicantinas son muy movidas y terminan, casi siempre, con un plato de pasta (italiana) en uno de nuestros pisos.
Asì que, cuando llegué en Alicante, ya tenía una vaga idea de lo que habría podido encontrar. Naturalmente todas mis expectaciones se han revelado insuficientes: en Alicante la vida nocturna es totalmente imprevisible. La primera vez que decidimos de salir para hacer un paseo por la ciudad, por ejemplo, regresamos a las 7 de la mañana siguiente.
En primer lugar tengo que esplicar que, a diferencia que en Italia, aquí la noche empieza mucho más tarde: si vas por la calle antes de la medianoche difícilmente puede encontrar mucha gente. Normalmente el barrio se anima a partir de las doche y media, antes los locales nocturnos están vacios... ¡así que es inevitable salir muy tarde por la noche y regresar igualmente tarde por la mañana!
Otra diferencia con mi País es que aquí en Alicante todos los locales nocturnos están cercanos, así que es posible moverse de un lugar a otro con mucha facilidad, cambiando género musical muchas veces en una noche. En Italia, en cambio, no es la misma cosa. Si quieres salir tienes que decidir antes donde ir y, si después quieres mudarte a otro lugar, en la mayoria de los casos, es necesario utilizar el coche. Además, en Italia, en la mayoria de los locales, tienes la consumación obligatoria, por eso es bastante dificíl que, después haber pagado 10 euro para una copa, te gustes coger el coche para ir en otro lugar donde pagar lo mismo.
En la “pseudo-tradición” que hemos creado en estos meses, nuestras noches empiezan hacia las once, cuando nos reunimos en un piso para hacer un pequeño botellón. Después vamos al barrio para hacer una vuelta de los locales hasta las tres y media (a veces las cuatro) y , cuando el barrio cierra, vamos al puerto donde hay muchos locales que están abiertos hasta las 7,30 de la mañana. Sin duda las noches alicantinas son muy movidas y terminan, casi siempre, con un plato de pasta (italiana) en uno de nuestros pisos.

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